Los trabajadores de Alal atraviesan una situación crítica desde hace siete meses, luego del cierre de la empresa y el despido de su personal. La reciente muerte de Silvio Ortiz, de 62 años y con 31 años de servicio en la firma, generó profundo pesar entre sus compañeros.
David, uno de los trabajadores que continúa al frente del reclamo, expresó el dolor que atraviesa el grupo y describió el estado de ánimo de quienes perdieron a un compañero de tantos años.
“Estamos todos muy bajoneados, muy tristes, con una mezcla de emociones, bronca, impotencia, un montón de cosas”, señaló.
Según relató, Ortiz había participado activamente de la lucha de los trabajadores hasta que, por recomendación de profesionales debido a su estado de salud, tuvo que dejar de asistir. Tiempo después sufrió un principio de ACV, permaneció internado y luego continuó bajo tratamiento y medicación.
Su compañero sostuvo que la situación económica y la falta de ingresos lo afectaban profundamente. “Él vivía ya angustiado por no poder tener un sueldo y no poder darle a su familia todo lo que es necesario”, explicó.
David también contó que los trabajadores intentaban acompañar a sus compañeros que atravesaban problemas de salud, colaborando con dinero y medicamentos. En el caso de Ortiz, aseguró que algunos compañeros lo ayudaban a conseguir los remedios que necesitaba.
Una planta cerrada y siete meses sin cobrar
La situación de los trabajadores de Alal se remonta al cierre de la empresa, ocurrido en enero. De acuerdo con el testimonio, los empleados habían mantenido una reunión con representantes de la firma pocos días antes del cierre.
En aquella oportunidad, según relató David, los propietarios les manifestaron que la empresa atravesaba dificultades vinculadas al suministro de energía y a la competencia generada por las importaciones, particularmente provenientes de China. También les habrían asegurado que el inconveniente sería solucionado y que la actividad se retomaría durante la semana siguiente.
Sin embargo, los trabajadores recibieron cartas documento de despido y encontraron la planta cerrada.
“Las cartas documento ya estaban saliendo, tienen fecha del 23”, afirmó David, quien cuestionó la manera en que se produjo el cierre.
El trabajador recordó además que, durante años, los empleados habían realizado esfuerzos para sostener la empresa, incluso resignando parte de sus ingresos en determinados momentos.
“Cuando nosotros siempre estuvimos y cuando necesitó la empresa hemos cedido parte de nuestro sueldo para que la empresa siga”, sostuvo.
La mayoría de los trabajadores son personas de larga trayectoria
Otro de los puntos que preocupa al sector es la edad y la antigüedad de buena parte del personal despedido.David estimó que alrededor del 70% de los trabajadores de la fábrica son personas con muchos años dentro de la empresa, situación que dificulta su reinserción laboral.
“Es gente que ya es difícil que pueda conseguir trabajo”, explicó.A esto se suma, según describió, la escasez de oportunidades laborales en Goya. Algunos exempleados sobreviven realizando trabajos ocasionales, mientras que son pocos los que lograron acceder a un nuevo empleo.
“Con changas no se puede vivir”, resumió.El dirigente describió el escenario como “muy triste” y “muy crítico” y remarcó que los trabajadores llevan siete meses atravesando la misma incertidumbre.
Sin contacto con los propietarios
Respecto del vínculo con los responsables de la empresa, David afirmó que la última conversación directa con los propietarios se produjo pocos días antes del cierre.Identificó entre ellos a Eduardo Alal y Guillermo Alal y señaló que, tras aquella reunión, no volvieron a tener contacto con los dueños.
Según su relato, el lunes posterior a la reunión comenzaron a llegar los mensajes entre los trabajadores y las cartas documento de despido. David se acercó entonces hasta la planta, donde mantuvo una breve conversación con representantes de la firma.
“Fueron muy cortantes con el tema y no dieron mucha explicación”, afirmó.
Desde entonces, aseguró, los trabajadores no volvieron a tener contacto con los propietarios.La muerte de Silvio Ortiz vuelve a poner en primer plano las consecuencias humanas de una crisis que mantiene a decenas de familias en una situación de incertidumbre. Para sus compañeros, además del reclamo laboral y económico, queda ahora el dolor por la pérdida de un trabajador que durante 31 años formó parte de la historia de Alal.
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