Miércoles 20 de Mayo de 2026
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4 de cada 10 argentinos sienten que viven peor que sus padres
Nacionales
20/5/2026
EL MOTOR DE LA ILUSION

4 de cada 10 argentinos sienten que viven peor que sus padres

Un nuevo informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) expone una profunda contradicción en la subjetividad de la población urbana: la convivencia de una altísima percepción de movilidad social descendente con un persistente optimismo hacia el porvenir de los más jóvenes.

Basado en la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), el estudio revela que el 42,4% de los adultos considera que su situación económica actual es peor que la que tuvieron sus padres. Sin embargo, este diagnóstico de estancamiento no anula el deseo de progreso, ya que el 71,6% de los encuestados mantiene la firme creencia de que las nuevas generaciones —hijos o nietos— tendrán mejores oportunidades que ellos en el futuro.

La experiencia del declive socioeconómico intergeneracional no afecta a todos los estratos por igual, evidenciando las profundas brechas laborales y de ingresos que atraviesan al país. La percepción de haber caído respecto a la generación anterior golpea con fuerza al 51,9% del estrato "muy bajo" y al 54,8% de los trabajadores subempleados o desempleados, mientras que disminuye notablemente al 34,2% en el sector "medio alto" y al 29,8% entre quienes gozan de un empleo pleno con derechos. Curiosamente, la fe en el porvenir es aún más intensa en la base de la pirámide social, alcanzando un 74,3% de expectativas favorables en los sectores muy bajos frente al 62,2% registrado en los estratos de mayores recursos.

Al cruzar la realidad presente con el horizonte proyectado, la investigación identificó cuatro perfiles psicológicos y económicos bien definidos dentro de la sociedad argentina. El grupo mayoritario es el de los "Estables Optimistas" (43,9%), quienes no sufrieron un descenso respecto a sus padres y confían en el futuro, seguidos por los "Resilientes" (28,2%), un colectivo masivo en los sectores vulnerables (36,8%) que, a pesar de vivir peor que sus progenitores, se niega a dar el mañana por perdido. En la vereda opuesta aparecen los "Desesperanzados" (14,3%), que asumen el retroceso propio y prevén un achicamiento de oportunidades para sus hijos, y los "Escépticos" (13,7%), quienes no cayeron pero miran el futuro de los jóvenes con profunda desconfianza.

El informe indaga de forma directa en la salud emocional de la población, registrando que un 12,3% de los argentinos urbanos convive de manera crónica con

sentimientos de desesperanza. El análisis demuestra que este malestar no surge únicamente de las urgencias materiales del presente, sino de la pérdida de perspectiva hacia adelante, ya que la desesperanza promedia el 11,4% entre quienes guardan expectativas favorables pero trepa al 16,7% cuando el porvenir se percibe desfavorable. El verdadero abismo social se produce en el grupo donde se conjugan el retroceso económico personal y la falta de un horizonte para los hijos; en ese núcleo duro de vulnerabilidad, la desesperanza se duplica y llega a afectar a un crítico 20,2% de los adultos.

Finalmente, la UCA concluye con una advertencia clave para sociólogos y hacedores de políticas públicas sobre cómo impacta esta realidad según la procedencia social de los individuos. En los estratos medios y en los empleos protegidos, la movilidad descendente se experimenta como una ruptura traumática del estatus esperado; por el contrario, en los sectores marginales el desaliento es crónico y depende de barreras estructurales cotidianas como la exclusión y la falta total de recursos, más que de la comparación con el pasado. De este modo, la ilusión del progreso de los hijos funciona como el último motor de resistencia social, encendiendo las alarmas ante el peligro latente de que ese horizonte también termine por cerrarse.

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Conducción: Maria M. Vazquez